domingo, 5 de febrero de 2012

Otra vez Lucia...



"El despertador... ya son las seis otra vez? Esta mañana me va a costar el doble levantarme, lo sé. De hecho anoche ya lo suponia.Siempre me pasa igual el primer dia de trabajo... bueno el primer dia de trabajo y cuando voy a hacer una entrevista, aunque ya haya hecho casi cien. No consigo conciliar el sueño hasta muy entrada la noche. Y esta vez me he dormido a las cuatro. He repasado unas cuantas veces el trayecto a la empresa, mi vesturario otras cuantas veces, las posibles preguntas que puede hacerme el responsable de personal. Pero venga, hay que levantarse! De camino a la ducha mi espejo se cruza en mi camino y me devuelve una imagen que conozco; mi pelo negro enmarañado de tanto dar vueltas en la cama, unas ojeras que envuelven mis enormes ojos verdes... Nada que un poco de maquillaje no arregle. Recojo mi pelo en una cola, me pongo mis pantalones favoritos, casi que sólo los uso para ocasiones en las que tengo que dar una imagen más elegante y seria, un suéter remata un look sencillo y creo que apropiado para la ocasión. Mamá tiene mucha mano a la hora de ayudarme a escojer qué ponerme en estos casos. Repaso el trayecto una y otra vez mientras bebo mi café. Me cuesta no pensar una y otra vez en el orden de las calles que me llevaran a la puerta de la empresa. Todo ira bien. Mi portadocumentos está ya preparado en el perchero de la entrada, junto a mi bolso, mi abrigo y mi bufanda. Todo va bien. Me llamo Lucia y tengo 23 años.
Hoy no llueve. He rezado parte de la noche para que no lloviera esta mañana. Veo las calles diferentes cuando estan mojadas, aunque para el resto pueda parecer una tonteria. No me gusta la lluvia. Sobretodo cuando tengo que llegar a algun sitio en un tiempo determinado. Y si conozco el camino no me importa demasiado, pero esta vez es diferente. Es la primera vez que me contratan a prueba en seis meses y no puedo llegar con retraso. La cosa no esta nada facil y no puedo perder esta oportunidad. No me puede salir mal otra vez.
Son casi las ocho y la gente ya está en la calle. Meto mi mano en el bolsillo y encuentro el papel que mamá me ha dejado con la dirección. Recuerdo vagamente el sitio donde tengo que ir, porque el dia que pasé la entrevista estaba nerviosa... recuerdo que mamá y yo cogimos un autobús que nos llevó a la zona industrial que hay en las afueras de la ciudad. Hoy sé el número. Ella me lo ha anotado junto a la calle y el nombre de la persona que va a acojerme a mi llegada. Me cuesta retener estos datos si estoy nerviosa, pero ella lo sabe y me deja notitas en los bolsillos de mi abrigo. El autobús está casi lleno. A esta hora los niños van al cole y hay mucha gente que se dirige a su trabajo. De repente veo mi reflejo en el cristal. Mi abuela siempre me decía que tenía la cara más bonita que había visto, y que si algun cazatalentos me descubría algun día podria ser modelo. Cosas de abuela supongo...
El autobús llega al fin de trayecto, la zona industrial, y al bajar siento un nudo en el estómago que sube y baja sin cesar. Aprieto en mi mano la nota de mi bolsillo. Qué calle era? Los que bajan conmigo en la parada caminan deprisa y desaparecen en segundos, pero consigo parar a un chico, que me mira y se acerca demasiado cuando le enseño la dirección en mi nota. Me indica dos o tres calles a tomar a derecha e izquierda y sigue su camino, no antes sin volverse a mirarme de arriba a abajo. Se aleja murmurando algo que no logro entender y con una sonrisa extraña en la cara. Miro la nota y el nudo sigue haciendo de las suyas. El reloj no me deja mucho tiempo para llegar... pero tengo que hacerlo. Sin saber casi ni cómo a lo lejos veo un gran cartel con el nombre de la empresa que busco. En mi nota también lo había escrito mamá. Llego justo con un minuto de retraso, espero que el señor Lorenzo no lo tome en cuenta. Abro la puerta de la entrada y él ya me espera en recepción. Es un hombre alto, casi como yo, de unos cincuenta años y habla rapidisimo! Sonrie y me dice que le siga, que me va a enseñar mi puesto de trabajo. Pasamos al pasillo y la recepcionista me saluda con un gesto rápido. El señor Lorenzo me explica que mi trabajo es sencillo, pero que tengo que ser cuidadosa y metódica y responder con rapidez y eficacia a las diferentes tareas que me va a explicar. Y lo hace. Y lo hace rapidisimo. Y yo tomo notas. Y mi nudo sube y baja a una velocidad de vértigo. Sonrie todo el rato y no hace más que decirme que mi trabajo debe de ser sobretodo eficaz, porque tengo que dar respuesta a peticiones o situaciones de otros trabajadores casi en el acto. Primera tarea anotada. El señor Lorenzo sigue en su explicación y en un momento a la primera tarea se le añaden muchas mas. Llega el momento. El señor Lorenzo me pregunta si tengo alguna duda... y la verdad es que, aunque he tomado notas, en mi cabeza se mezclan numeros de teléfono, nombres de personas, procedimientos, protocolos... Mi nudo no hace mas que subir y bajar. Me sudan las manos. Tengo la boca seca. Tiene que ir bien, me repito una y otra vez. Tranquila Lucia, tranquila. Pero de repente me encuentro sola, en la pequeña habitacion en la que voy a trabajar. Sola, con un teléfono que suena y suena...

Son las cinco. El teléfono acaba de quedarse mudo. Son las cinco y ha vuelto a pasar. El nudo que subia y bajaba en mi estomago se instalo esta mañana en mi garganta, en mi cabeza, desde que Lorenzo desaparecio por la puerta y los protocolos y los numeros de teléfono empezaron a mezclarse como si de un tornado se tratara. El señor Lorenzo ha venido en varias ocasiones al despacho. Ya me ha dicho que si no soy capaz de hacer estas tareas que no venga ya mañana. Yo sé que puedo hacerlo, pero no controlo el maldito nudo.

Tengo 23 años y es mi primer y ultimo dia... otra vez."

Este pequeño relato  va dedicado a todas las personas que tienen dificultades psicologicas o padecen enfermedades mentales y no consiguen insertarse en un mercado laboral duro para todos, pero para ellos en especial. Actualmente existen programas de insercion de personas disminuidas, los gobiernos ayudan economicamente a las empresas que incluyen a personas con handicaps entre su personal... pero quién ayuda a personas que, como Lucia, necesitan solamente de un poco de paciencia y de comprension para poder llevar a cabo una tarea simple. Estas personas a las que me refiero tambien tienen un futuro, hoy en dia de un color muy negro, porque nadie los contrata, habitualmente sus padres empiezan a hacerse mayores y no consiguen adquirir una experiencia en el mercado laboral, porque no hay nadie que quiera darles la oportunidad de poder ser independientes el dia que esos padres que los respaldan hoy ya no estén.
Nadie quiere sacrificar un poco de sus beneficios y convertirlos en beneficios de seguridad, de felicidad, de realizacion de gente que es en apariencia "normal", es decir, no padecen ceguera, ni sordera, ni Sindrome de Down, no van en una silla de ruedas... son personas que son en apariencia como tu y como yo por fuera... por dentro son un universo a parte. Pero no por ello tienen menos derecho a ser felices y a sentirse que tambien pertenecen a este mundo.
La ultima vez que hablé con Lucia sus palabras se clavaron en mi alma como si de un puñal se tratara. "Tendria que quedarme ciega, o tetrapléjica... quiza asi alguien tendria la obligacion...". Y se dio media vuelta, triste, cabizbaja, mezclandose entre la gente que paseaba por la Rambla.


Un beso grande Lucia. Besos a todos queridos navegantes.

P.D. El personaje y los hechos son ficticios.

No hay comentarios: