
Es demasiado temprano. Apenas sé como mis piernas me han traido hasta este asiento, apenas llego a abrir los ojos. Me hubiera quedado en la cama, calentita, durmiendo. La verdad es que lo necesito, pero tambien necesito tener contacto con el mundo fuera del calor y la protección de Mike, de casa, tomar contacto con la realidad, con la rutina de cada dia, del trabajo.
Cómo demonios he llegado a este asiento? Parece mentira como el despertador me ha puesto el automático... si diría que hasta me he pintado un poco, aunque mi reflejo en la ventanilla no es muy de fiar. El cristal esta mojado por fuera y yo no llego a abrir los ojos lo suficiente. Se me cierran solos. Silencio. Sólo algunas personas entran en el vagón conmigo. El tren esta casi vacio. Encima de mi saco, donde llevo la ropa de recambio, agua y la comida del dia, descansan dos ejemplares de diarios gratuitos que a ratos me sirven para distraerme un poco durante el viaje.
Las 05.52 de la madrugada. Estacion de Maulusmüehle. Con ella llega el barullo, el ruido, la multitud... Me despierta, casi de golpe, un grupo de adolescentes que entra a la carrera en el vagón, para coger los asientos de cuatro. Y es entonces cuando me doy cuenta que no estoy en un tren cualquiera, que no va a ser un dia cualquiera, que no estoy en Barcelona, que llevo mi Tom Tom en el bolso por si me pierdo y que me espera una dura jornada de trabajo en la guardería.
Estoy en el tren que me lleva a Luxemburgo, Estación Central, donde me esperan en la Créche International "Aux enfants gâtés", la guardería donde voy a trabajar esta semana. Y no, no estoy en Barcelona. Más que nada porque aunque los chicos y chicas que acaban de entrar lo hacen un poco alborotados, sus conversaciones son puro ruido para mi. No sé qué idioma hablan. Pero ellos se lo pasan en grande, se rien, se llaman unos a otros, se guardan el asiento, dan empujones al mio... Es demasiado temprano y aún no estoy despierta.
Estoy en el tren que me lleva a Luxemburgo, Estación Central, donde me esperan en la Créche International "Aux enfants gâtés", la guardería donde voy a trabajar esta semana. Y no, no estoy en Barcelona. Más que nada porque aunque los chicos y chicas que acaban de entrar lo hacen un poco alborotados, sus conversaciones son puro ruido para mi. No sé qué idioma hablan. Pero ellos se lo pasan en grande, se rien, se llaman unos a otros, se guardan el asiento, dan empujones al mio... Es demasiado temprano y aún no estoy despierta.
Junto a mi asiento se para un hombre con traje oscuro. Lleva una maquina en la mano y se dirige a mi. Le miro pero no sé lo que me dice. Habla rápido y me mira fijamente. Las únicas neuronas que tengo despiertas a esta hora y que han hecho conexión me llevan a la conclusión de que es el revisor y me esta pidiendo el billete. Busco en mis bolsillos y le ense~o el billete. El hombre se despide de mi con una palabra, corta y rápida... no sé qué significa, pero guardando las reglas de politesse le digo "bonne journée", él se gira, me mira y creo ver una medio sonrisa dibujada en su cara, aunque muy fugazmente. Se aleja de mi repitiendo la misma cancioncilla en cada asiento.
El barullo de los adolescentes va in crescendo. Clervaux, Drauffelt, Wilwerwiltz... El vagón está cada vez más lleno y son sólo las 6 y poco de la ma~ana. Aún me queda una hora para llegar a mi destino. Ettelbruck y el barullo sigue pero baja de volumen, y ahora son grupos de gente de mediana edad que hablan de unos asientos a otros. Esta vez, almenos, reconozco el idioma. Portugués. Sigo sin entender nada. Para mi sigue siendo ruido... y empiezo a sentirme lejos. Empiezo a sentirme sola y lejos de lo mio, lejos de los mios. Me siento fuera de lugar, pero aqui estoy y ya no hay vuelta.
No soy capaz de concentrarme en los diarios. Leo dos lineas y me cuesta no controlar el panel electrónico donde se anuncia la próxima parada. Me obsesiona el hecho de que pueda pasarme la estación, perder el autobús y llegar tarde a la guardería. Muy pocas veces he llegado tarde a ningun sitio, y además esta vez el recorrido no me es aún familiar; mezclo paradas de tren con las de autobus y me obligo a estar atenta.
Nueva parada y el vagon ya esta casi completo. Frente a mi se sienta una chica, más o menos de mi edad. Es morena y lleva el pelo recogido en un gracioso mo~o. Siempre he admirado la habilidad de algunas mujeres de levantarse no importa a qué hora y con dos movimientos la mar de simples consiguen estar divinisimas... Habla con el grupo de al lado y lo hace tanto en portugués como en inglés. Parece que haya cogido el tren por los pelos, se la ve apresurada y habla riendo. Al mismo tiempo sus manos no dejan de moverse... y me mira fijamente... y yo me descubro en que tambien la miro y creo que eso le incomoda. Desvio la mirada al paisaje pero en el reflejo del cristal ella sigue acicalándose. Brillo de labios, que repasa concienzudamente, eyeliner, colorete, rimel... mi mirada se posa de nuevo en ella. Yo no seria capaz de hacerlo. Dos minutos y el maquillaje le ha cambiado por completo, ni las sacudidas del tren ni el paseo de los pasajeros ha provocado ni una incorrección. Dos grandes pendientes acaban de redondear un trabajo sencillamente perfecto. Sería realmente incapaz. Vuelvo a descubrirme mirándola, con una sonrisa medio boba y ella me dice si me molesta, mientras se pone perfume. Le digo que para nada y abro uno de los diarios. Ella parece ver algo que le interesa y tuerce la cabeza con intención de leerlo, tanto que me hace sonreir y acabo ofreciéndole el diario. Mi gesto parece muy inusual porque ella me mira sorprendida y muy timidamente coge el periodico. Lee en voz alta para sus compa~eros. Ahora es su turno. Me mira, sonrie, se levanta, me extiende el periodico y con una enorme sonrisa me desea "une bonne journée Madame", y desaparece al fondo del vagón.
Al fin. Luxembourg Gare Central. Un intenso olor a croissant recien hecho invade todo el vestíbulo, por donde la gente camina, otros corren y la mayoría intenta despertarse con un café. Pero no hay tiempo que perder. El autobus no espera y si pierdo este llegaré tarde. Mis pasos se pierden entre miles, y todo lo rapido que me permite el barullo de gente, alcanzo al fin la calle.El autobus numero 8 esta aún en su carril. El conductor espera la hora de salida con cara de pocos amigos. No sé si me pedira el billete, en teoría sirve tambien para el bus, y por si acaso paso lentamente, con el billete en la mano y dentro de mi bolsillo, con una sonrisa y articulando un "bonjour" algo cantarin. Como respuesta la misma cara de palo. Paso sin pararme y me siento en uno de los asientos vacios a la espera de que o me diga algo ininteligible o bien arranque el autobus. Diez minutos de viaje y al fin en la guardería. Proxima parada... Créche International "Aux enfants gâtés".
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